Sunday, June 12, 2005

Juana I

Lo que viene es por lo menos egoista, siempre he querido terminar este cuento por lo que publicaré lo que va hasta ahora y seguire con el. Ojalá Juana no vuelva a acabar con mi cabeza como lo hace cada vez que acudo a aumentar su historia...

Me llamo Juana. Cualquiera se presentaría diciendo que es Juana, pero la verdad la vida se ha encargado de enseñarme que es una verdadera falta de respeto afirmar que uno realmente es alguien. Nací hace 19 años en medio de la opulencia, y rodeada de un desprecio desgarrador hacia cualquier ser humano de una condición social inferior a la nuestra.

Podría iniciar con detalles, un recuento de lo que ha sido mi vida hasta el momento en que decido sentarme a escribir estas líneas, pero como uno siempre supone que el otro quiere lo que a uno le parece más sensato, yo asumo que el lector deseará irme descubriendo de a pocos, sorbo a sorbo, botón por botón, noche por noche...

No intentare contarles mi desgracia, porque si quisiera hacerlo, me suscribiría a la iglesia, me haría bautizar y después me confesaría con el cura de la esquina.
Pero prefiero ahogarme en un poco de vodka, un poco de noche, un poco de sexo y tratar de hacerles entender este flujo inentendible de momentos, que en los papeles del gobierno se llama mi vida.

Mi vida no empezó el día que salí del vientre materno, de hecho, viví casi 14 largos años en un estado de animación suspendida, en donde todo pasaba sin que yo me diera cuenta. Pero esta vida sin preocupaciones mayores a comprar un poco de ropa y salir de vacaciones, cambió de un momento a otro; sin que a mí, nadie me avisara.

Me llegó la adolescencia, y con ella, todo lo que conlleva ser una niña rica, con ideas retorcidas, y con un instinto sobrenatural de querer destruir una a una esas ideas con las que se habían encargado de levantarme. Y claro, unos buenos jeans, platica y listo... Pero seguí en lo mismo, segundo paso, más platica, el summer camp de rigor, y nada, yo cada día más loca... Entonces mis papas, viéndose sin control acudieron a la vieja táctica de la psicóloga, y ahí señor, ahí nació Juana.

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Un olorcito como a formol, un afiche que parece cuadro, y un pendulito que gira sin parar, como si fuera mi propia vida. Una mujer cincuentona, pasadita de kilos y más bien insípida me saluda. Me indica un sillón que parece sacado de mi peor sueño erótico y procede a sentarse enfrente mío. Cruza sus piernas y debajo de su falda mis ojos notan como su torpeza deja todo al descubierto. En ese momento, en esa visión, en esas piernas desgastadas y en medio de ese ambiente casi fúnebre, ahí nace Juana Reyes

Mi primera reacción es voltear mi cara; pensar en mi infancia, en el padre Ordóñez y su repudio al deseo sexual, en la sociedad, en mi padre, en mi pobre abuela y su club de bridge, pero pudo más mi inconsciencia y mis ojos retornaron a la visión morbosamente placentera de lo que escondía mi psicóloga mas allá de su falda escocesa.

La cita termina, y si quieren la verdad, no me acuerdo de nada más que de ese momento, de esa imagen, que aun hoy me despierta por las noches para recordarme quien soy, de donde vengo. Salí de allí, y camine un poco, dos cuadras, talvez tres... Nunca había fumado, pero compre 11 paquetes, por si 10 se me acababan. Nunca había tomado, pero sentí que tres botellas no serian suficientes.

Ese día caminé, fumé y tomé, hasta que entre vomito y lagrimas logré hacerme esa pregunta que había revuelto mi cabeza desde que salí del consultorio.
¿Por qué había vuelto a mirar?
Y fue ahí, entre un poco de vodka, un poco de humo, y un poco de mí, donde descubrí el asco, el repudio y las nauseas que me causaban los hombres. No habían sido muchos, solo dos realmente, pero su deseo permanente de seducirme, acostarme, comerme y botarme realmente me asqueaba. Si, el vodka, el humo y los recuerdos me estaban contando la verdad. Me gustan las mujeres.

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